Cuando pensamos en una infección, solemos imaginar fiebre alta, escalofríos o un fuerte malestar. Sin embargo, en las personas mayores esto no siempre ocurre. El envejecimiento modifica la respuesta del organismo, por lo que una infección puede manifestarse de forma muy diferente y pasar desapercibida durante días.
Reconocer estas señales a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y una complicación que requiera hospitalización.
¿Por qué las infecciones pueden pasar inadvertidas?
Con el paso de los años, el sistema inmunitario responde de forma distinta. Esto hace que muchas personas mayores no desarrollen fiebre o presenten síntomas poco llamativos, incluso cuando existe una infección importante.
Por ello, cualquier cambio en su estado habitual debe ser motivo de atención.
Señales que deben hacernos sospechar
Confusión o desorientación repentina.
Somnolencia o exceso de sueño.
Debilidad marcada.
Pérdida de apetito.
Disminución de la ingesta de líquidos.
Caídas sin una causa evidente.
Dificultad para realizar actividades habituales.
Cambios de comportamiento, irritabilidad o apatía.
Síntomas que pueden ser poco evidentes
Tos o dificultad para respirar.
Ardor al orinar o cambios en la orina.
Náuseas, vómitos o diarrea.
Dolor abdominal.
Heridas enrojecidas o con secreción.
Escalofríos o sensación de frío.
Disminución de la cantidad de orina.
Dolores poco localizados.
¿Qué ocurre si además la persona tiene hipertensión?
Las personas mayores con hipertensión requieren una vigilancia aún más estrecha. Una infección puede alterar la tensión arterial, aumentar la frecuencia cardiaca, favorecer la deshidratación y empeorar el estado general.
Qué debemos valorar en casa
Temperatura corporal.
Tensión arterial.
Frecuencia cardiaca.
Frecuencia respiratoria.
Saturación de oxígeno.
Estado de hidratación.
Cantidad de orina.
Nivel de conciencia.
Posibles focos de infección.
¿Cuándo debemos buscar atención médica urgente?
Confusión intensa o desorientación.
Dificultad para respirar.
Somnolencia excesiva.
Debilidad extrema.
Presión arterial más baja de lo habitual.
Muy poca orina.
Piel fría, pálida o sudorosa.
Pulso muy rápido, muy débil o irregular.
Empeoramiento importante del estado general.
La prevención y la observación salvan vidas
En el cuidado de las personas mayores, conocer cómo se manifiestan las enfermedades es tan importante como tratarlas. Una infección detectada de forma precoz puede evitar complicaciones graves.
En Empatía, Déjame Cuidarte, sabemos que cuidar también significa observar, escuchar y detectar esos pequeños cambios que muchas veces pasan desapercibidos. Nuestro equipo está formado para reconocer estas señales y actuar con rapidez, ofreciendo un cuidado cercano, profesional y centrado en la persona.
Porque en una persona mayor, la ausencia de fiebre no siempre significa ausencia de infección. La mejor herramienta sigue siendo una observación atenta y una actuación precoz.
María José Barrera
Coordinadora de Empatía, Déjame Cuidarte