En muchas familias, la decisión de pedir ayuda externa se retrasa más de lo recomendable.
No por falta de preocupación, sino por miedo, culpa o por la idea de que “todavía puede solo/a un poco más”.
Sin embargo, en el cuidado de las personas mayores, esperar demasiado suele tener consecuencias, y una de las más importantes es el riesgo de caída.

Las caídas no aparecen de repente. Normalmente van precedidas de pequeñas señales que, si se atienden a tiempo, permiten prevenir situaciones más graves y mantener la autonomía durante más tiempo.

LAS PEQUEÑAS SEÑALES QUE NO DEBEMOS NORMALIZAR

A menudo se minimizan ciertos cambios porque parecen propios de la edad. Sin embargo, son avisos claros de que la persona mayor ya no está completamente segura sola.

• Dificultad para levantarse de la cama o del sillón
• Camina más despacio o con inseguridad
• Se apoya en muebles o paredes
• Tropieza con frecuencia
• Tiene miedo a caerse, incluso dentro de casa
• Se muestra más desorientado/a o cansado/a

EL RIESGO DE CAÍDA: UN ANTES Y UN DESPUÉS

Desde la experiencia sanitaria y del cuidado diario, sabemos que una caída suele marcar un punto de inflexión.
A nivel físico puede provocar fracturas, dolor persistente y pérdida de fuerza.
A nivel emocional genera miedo, inseguridad y pérdida de confianza.

Este miedo hace que la persona se limite, pierda movilidad y aumente la dependencia.

POR QUÉ ES MEJOR PEDIR AYUDA ANTES DE LA CAÍDA

Pedir ayuda a tiempo permite prevenir caídas, mantener la movilidad, preservar la autonomía, evitar ingresos hospitalarios y aliviar la carga familiar.

CUIDAR MEJOR ES LLEGAR ANTES

Aceptar apoyo no significa rendirse. Significa cuidar con conciencia, proteger la dignidad y priorizar la seguridad.

Porque cuidar no es solo estar, es saber cuándo pedir ayuda.

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